La construcción del territorio: el río Guadalmedina.

Fotografía de Daniel Navas.

Extracto de la conferecia que preparé para las “Jornadas sobre el Guadalmedina: Un paseo por el río desde cuatro perspectivas” celebrada en el Ateneo de Málaga el día 9 de junio de 2001, organizadas por el Ateneo de Málaga y el colectivo MissMalagass. (*)

El territorio no es la geografía sobre la que se asientan las estructuras humanas. El territorio es una construcción colectiva, un diálogo del hombre con la naturaleza a lo largo de la historia.

Así, durante siglos, los habitantes de este territorio concentraron sus fuerzas en la construcción colectiva de una sociedad, de una economía, de una cultura y también, de una identidad. El conocimiento, el desarrollo de nuevas tecnologías y habilidades, hizo que la sociedad se empeñase en el control de todos los inconvenientes y obstáculos que se oponían a su dominio, y esto también afectó a su relación con el Guadalmedina. El río había dejado de ser la razón y ser de la cuidad y su relación con el valle, para convertirse en sinónimo de catástrofe, suciedad, marginalidad y segregación urbana. El río mientras tanto…moría. Pero con él…toda la sociedad que le había dado la espalda.

Pero, ¿qué supone hoy el río para la cuidad? ¿Cual es el imaginario actual? Probablemente palabras como destrucción, márgenes llenos de suciedad y viviendas marginales, separación de la ciudad en zonas residencial de baja densidad y zonas populosas, agravada por la falta de continuidad de las tramas viarias a uno y otro lado del río…El lenguaje de lo natural, de lo social y de la identidad de la ciudad, se ha transformado en un lenguaje dominante que lo ha convertido en un desagüe en todos los sentidos semánticos. Se ha producido una polarización de espacios atractores frente a áreas de abastecimiento y vertido. El río Gudalamedina ejerce una acción de denuncia de este hecho, del que la ciudad y sus habitantes somos responsables.

SIn embargo, el río Guadalmedina no empieza en Ciudad Jardín. El río es una infraestructura ambiental que está vinculada a su valle. Un valle de grandes pendientes que imposibilitan la mecanización de la producción agrícola, lo cual genera una microparcelación que hace casi imposible la rentabilidad de su explotación y que ha generado que sus habitantes se ocupen en el sector terciario turístico, abandonando el cuidado de las tierras. Un valle surcado y definido por su relación con la plataforma de la carretera que comunica la ciudad de Málaga con el interior y que ha servido para generar procesos urbanos de ciudad dormitorio dependientes de la economía de la capital y de la costa.

Pero si profundizamos en la evolución de la relación del río con la ciudad, veremos que desde su inicio, el río Guadalmedina ha sido la razón y ser de Málaga y de todo el territorio que articula. La ciudad nació a orillas de un río caudaloso, entre un circo de montañas de alcornoques y encinas centenarios. Un río, que además de suponer una fuente de agua y vida para su población inicial, constituía la principal vía de comunicación y articulación con el valle hacia el interior. Durante siglos, el río y la ciudad convivieron en equilibrio, hasta que la acción devastadora que se ejerció sobre los montes de Málaga tras los Repartimientos cristianos en el s. XVI, inició un proceso de agresión del río a la ciudad como consecuencia de la ruptura del pacto del hombre con la naturaleza.

En el s.XVI, se produjo la tala y rotulacíón de tierras, se sustituyó la masa forestal por cultivos de vid, más productivos. Al desaparecer los árboles, desapareció la protección que sobre el terreno ejercían las copas ante el granizo y la lluvia. Desapareció el sotobosque y la tierra se fue descarnando poco a poco, dejando la roca desnuda. La gran pendiente de las montañas hizo el resto.

Poco a poco, lo que antes habían sido minúsculos caudales de agua en el terreno, se fueron convirtiendo en grandes torrentes devastadores. La tierra y la roca bajaban a gran velocidad hacia la ciudad que había roto el pacto con su territorio circundante. Pero al llegar a la desembocadura del río, reducían su velocidad produciendo la subida del nivel del cauce. De este modo, año tras año, el problema de las inundaciones se fue agravando cada vez más.

En 1876 se rebajó el lecho del río y se canalizó para la protección de la ciudad. Tras años de riadas catastróficas, finalmente, en 1911 se tuvo que reconstruir el muro que lo contenía, mientras se inició la construcción de la presa del Agujero, la cual acabó en 1917. Sin embargo, en 1918 hubo una gran tormenta devastadora para la ciudad de Málaga. Es entonces cuando se decidió atacar el mal desde sus inicios, y se inició una repoblación forestal de 4.762 hectáreas de terreno en 1930. Esta acción se hubo de apoyar con la construcción de pequeños diques que contuviesen el río mientras crecía la masa repoblada del bosque. Las expropiaciones fueron costosas pero insuficientes, y la mitad de la vertiente del río quedó sin repoblar.

Así, el problema sigue sin resolverse.

La provincia de Málaga ha tenido probablemente, una de las más intensas actividades planificadoras de la historia de Andalucía durante los dos últimos siglos. Planes como el de Moreno Monroy de 1868, Emilio de la Cerda de 1982, Daniel Rubio de 1929, José González Edo de 1950 en Málaga…pero también planes territoriales que englobaban la Costa del Sol desde Nerja hasta Manilva como el Estudio para la Ordenación Turística de la Costa del Sol de 1955, el Plan de Desarrollo Económico y Social de la Provincia de Málaga de 1961, el Plan Doxiadis de 1963, el Plan Comarcal de 1968, El Plan de Desarrollo Económico y Social de la Provincia de Málaga de 1973… y por supuesto todos los planes territoriales, regionales, subregionales, comarcales, sectoriales y estratégicos que en las dos últimas décadas se han redactado. A pesar de ello, también probablemente, el territorio de Málaga es el menos planificado en cuanto a su materialización, de todo el ámbito andaluz. Las presiones económicas, la falta de coordinación de las administraciones, la inacción como acción, la mediocridad en los planteamientos y la falta de perspectiva del territorio como vector de expresión de una comunidad hacia su futuro, han consolidado un modelo en el que a la sociedad no se le permite participar en la construcción de la habitabilidad de su territorio.

Con todo y con ello, aún tenemos razones para la esperanza y la ilusión. El territorio de Málaga es un lugar lleno de potencialidades, de maravillosas realidades materializadas a través de acciones conscientes o inconscientes de sus habitantes y actores económicos, políticos y sociales. Sin duda, Málaga sigue teniendo en su paisaje, su infraestructura geográfica y su construcción social, el mayor potencial que podamos imaginar.

¿Qué podemos esperar ahora? Sin duda, aprender de la historia. Conocer y comprender el origen del problema. Ser conscientes de la necesidad de incorporar el tiempo en la resolución de los problemas que se han generado a lo largo del tiempo. El reciclaje de esta infraestructura fundamental no puede ser una acción concreta, sino un proceso consciente y comprometido. El río es una infraestructura ambiental y territorial que no entiende de conflictos administrativos.

En este contexto, no podemos ni debemos dejar de asumir la responsabilidad de una acción consciente en la movilización de las cuestiones que importan a esta ciudad y a su territorio.

El río Guadalmedina debe tener la oportunidad de ser pensado y debatido entre todos aquellos que deseen comprometerse con su tiempo. Puesto que el territorio ha sido una construcción colectiva a lo largo de la historia, debe seguir siéndolo. En un momento en el que el modelo de gestión pública presenta fisuras e imposibilidad para llegar a la resolución de todos los problemas heredados y futuros, la gestión compartida con la ciudadanía se presenta, no cómo una opción políticamente correcta, sino como la única forma de gestión posible. Pero esto pasa por iniciar un proceso de adaptación a las nuevas condiciones de participación que deberán contemplar distintas vías y medios.

Bibliografía:

-Álvarez Calvente, M. Málaga, versus Guadalmedina, rev. Jábega nº1.  Cedma, Málaga, 1973.

-Dominguez, R. El río Guadalmedina, rev. Jábega nº18. Cedma, Málaga 1977.

(*)La redacción de este artículo es puramente divulgativa. Puedes compartirlo en cualquier medio siempre y cuando cites el lugar donde lo has encontrado.

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2 comentarios
  1. Jose Damian Ruiz Sinoga dijo:

    Hola Susana!,
    Ya hemos comentado en alguna ocasion nuestros pareceres, en muchos casos coincidentes, en relacion al Guadalmedina, pero me sorprende que en el desarrollo en ningun momento te refieras al escenario en donde ocurren todos los hechos: LA CUENCA.
    Hablas de “valle” y de “rio”,….pero si sucede todo, lo bueno y lo malo, es decir, la escorrentia de avenida, la degradación del suelo, las inundaciones, los arrastres,…etc, es en la cuenca,….y tambien el parque natural (aunque ya sabes que en este caso es mas antropico que natural…). No te olvides de la geomorfologia fluvial. Solo actuando en la cuenca, se resolveran los problemas aguas abajo.
    Por lo demas, ya sabes que coincidimos plenamente.
    Beso

  2. Hola José Damián,
    muchas gracias por tu intervención…que siendo la primera y viniendo de alguien como tú, es todo un lujo!
    Tienes toda la razón en lo que dices respecto a la cuenca. Pero en realidad, cuando hablo de “infraestructura ambiental”, a lo que realmente me estoy refiriendo es a ese escenario en el que se desarrolla toda la narración: la cuenca, el valle y el parque natural. Todo un sistema interdependiente que no puede comprenderse de manera segregada. El problema es que se interviene sectorialmente sin comprender la suerte de relaciones dependientes que se producen en el sistema.
    Un abrazo!

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