LAS NUEVAS CARTOGRAFÍAS DEL TERRITORIO

Publicado en WPS Review International on Sustainable Housing and Urban Renewal, conISSN-e: 2387-1768.

Miles de viviendas construidas y vacías por toda la costa y en el interior; millones de metros cuadrados de suelo clasificado y paralizado; viviendas edificadas ilegalmente en el suelo no urbanizable o en suelos con clasificación o calificación incompatible; indefensión jurídica de miles de ciudadanos europeos ante unas leyes que no comprenden y que dejan fuera de ordenación en el mejor de los casos, unas viviendas compradas con el asesoramiento de bufetes de abogados que daban lustre jurídico a una situación nunca asumida por la administración ni por los administrados que encontraron en la venta del territorio propio el medio de alcanzar un lujo desmedido en un tiempo récord; colapso en la tramitación de figuras urbanísticas de planeamiento general que cuando finalmente son aprobados dan paso con una inmediatez esclarecedora a la modificación de sus parámetros básicos; agentes financieros que deben afrontar la resolución de conflictos jurídicos irresolubles en las fincas o inmuebles recibidos en pago por la falta de liquidez de empresas y usuarios y que habrían sido generados con el desarrollo incompleto de trámites urbanísticos en los años 70 y 80…

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Personas que son desahuciadas de sus viviendas por el impago de las hipotecas; edificios vacíos sin vender; estructuras inacabadas y constructoras inmovilizadas; noticias incomprensibles sobre la calificación internacional de los bancos y cajas de ahorro españolas, y sobre la cotización de la deuda española; amenazas de estancamiento económico cada vez más desalentadoras…

 ¿Qué ha pasado en los últimos años?

Ante un panorama económico que parece estar dirigido por los sentimientos del mercado y no por reglas definidas, y a pesar de haber estado al margen del proceso globalizador durante los cuarenta años que duró el Régimen franquista, España ha dado muestras de una ejemplar adaptación al proceso de la globalización financiera a través de la histórica función de su sector inmobiliario (López. I, 2010).

En las últimas décadas del pasado s. XX y en el inicio del s. XXI hemos asistido a un proceso de ocupación territorial por vastas extensiones urbanizadas apoyadas en grandes infraestructuras de transportes, comunicación personal y servicios, cuyo principal objetivo es el de engancharse a la carrera global que impone el capitalismo avanzado. Periferias de urbanizaciones de viviendas de baja densidad planificadas o ilegales, conviven con polígonos industriales, centros de actividad terciaria como gasolineras o áreas de servicio, hostelería y restauración, grandes equipamientos deportivos y pedanías históricas de mayor densidad normalmente auto construidas. Un continuo urbanizado en el que se desarrolla nuestra cotidianeidad y que afecta a nuestra manera de vivir.

En esta transformación priman las implantaciones desarticuladas que no han conseguido crear una trama coherente con la ciudad consolidada ni con el territorio, pues se han perdido los atributos urbanos y culturales históricos. Esta pérdida de cualidad la encontramos en el deterioro del patrimonio edificado –protegido o no-, y en la pérdida de referencias culturales del territorio. Málaga es un caso paradigmático de esta situación, pues el proceso urbanizador producido en las últimas décadas ha sido de una intensidad sin precedentes que se ha manifestado en una doble dimensión: la interior, vinculada a la pérdida de patrimonio urbano, y la exterior, vinculada a la pérdida de referentes territoriales. No hay más que pasear por el centro de la cuidad histórica para comprobar cómo la demolición de edificios históricos ha sido la tónica general desde los años 60 hasta ahora. Incluso las rehabilitaciones de los edificios protegidos han seguido un modelo de aculturización caracterizado por la gentrificación o expulsión de la comunidad histórica para albergar nuevos habitantes desarraigados o nuevos usos vinculados a dimensiones de orden supralocal como los procesos de movilización turística internacional, financieros o administrativos de escala regional, nacional o global.

Por otra parte, la intensidad de la ocupación del territorio con un modelo desarticulado, no sólo ha roto la lectura propia del ámbito rural, sino que ha desvirtuado su naturaleza cultural y paisajística.

A nivel interpretativo, las ciudades y sus conurbaciones, se han convertido en objetos de mercado que atienden a las mismas reglas de competitividad y publicidad que los productos de consumo.

En muchos territorios, como el de Málaga, se asiste a una nueva forma de colonización global en la que la herramienta de dominio es la de una estrategia espacial que aprovecha los valores locales de interés, y los engulle en una red de productos turísticos para el consumo global. En este sentido, la tematización de los centros históricos -y el de Málaga no es diferente con la incorporación del frente portuario como escenario para la representación de la experiencia del consumo de marcas-, es una de las consecuencias de la pérdida del valor patrimonial de lo específico. El mejor indicador del triunfo de la modernidad sobre los espacios locales no es la desaparición de sus cualidades formales, sino la preservación y reconstrucción artificial en la sociedad moderna. Las ciudades se han transformado en simples contenedores de productos de consumo, y el urbanismo ha sido el instrumento disciplinar al servicio de esta democratización de la banalidad, en la que la constitución de sociabilidades previas de los habitantes de esos espacios no ha sido el objetivo. Se ha expulsado del proceso lo que le confiere una vida auténtica, fuera del circuito de consumo global.[1]

En esta transformación, prima la integración de los comportamientos sociales y la imagen de la ciudad a una estética genérica, frente al interés por solucionar los problemas específicos de cada territorio.

Este proceso de homogeneización y banalización global ha sido descrito por Francesc Muñoz (Muñoz, 2008) como urbanalización, y sería el lugar en el cual la imagen ha conseguido la ocupación total de la vida social.

Caminar por las calles del centro de Málaga puede ser una experiencia multidimensional si paseamos a la deriva. Junto a calles llenas de una vida atemporal donde lo local –formado por una suerte de mezcolanza de gentes autóctonas, residentes temporales, multiculturalidad y heterogeneidad- se impone como experiencia de desaceleración, encontramos centros de actividad terciaria y administrativa de escala territorial, y junto a ellos, la sensación de pasar a otra dimensión espacial cuando ingresamos en los escenarios del turismo global. Es como si en un mismo espacio físico transitásemos por distintos quantums pertenecientes a geografías diferenciadas, sólo comprensibles desde una cartografía discontinua global.

El recorrido por esos espacios temáticos de Málaga propios de los centros históricos musealizados, nos hablan de una geografía de escala supranacional en el que la lógica del reparto de las cuotas de consumo turístico actúa de manera específica.

Los centros de servicios terciarios y administrativos, nos hablan de una geografía provincial en la que las relaciones con los núcleos del hinterland dependiente, con las capitales de provincia y con las sedes administrativas principales, es la que confiere una lógica y un orden regional.

Finalmente, adentrarnos en las calles ocultas del centro histórico, o en los barrios de la ciudad consolidada, nos recuerda la dimensión física de nuestro deambular: estamos aquí y ahora. El espacio se comprime respecto a la escala global, y el tiempo se expande.

Según Peter Sloterdijk,

El redescubrimiento de la lentitud va unido al de la extensión local. (Sloterdijk, 2007, pág. 302)

Según la hipótesis de Sloterdijk, lo local no es lo opuesto a lo global, ni lo global sería lo local en un mundo extenso sin paredes. Una de las teorías más difundidas sobre el concepto de globalización hablaría sobre un mundo como suma de provincias en las que cada una se relaciona con otras en relaciones de simetría una vez se hubiesen derrumbado los muros que las separaban. El error, según Sloterdijk, se originaría en la idea de que lo local se piensa como un punto en un enrejado espacial regular. Pero en realidad, el significado de lo global o lo local –o cualquiera de sus escalas intermedias- estribaría en las relaciones de equipotencialidad entre espacios homogéneos.

En verdad el significado de “local” reside en la reacentuación de lo asimétrico con todas sus implicaciones. Se trata de un acontecimiento intelectual de cierto alcance, dado que con este acento sobre el lugar se anuncia un lenguaje para lo no-comprimido y no-abreviado. El acento de lo local hace valer el derecho propio de lo extendido-en-sí, a pesar de los progresos de la descontextualización, de la comprensión, de la cartografización y neutralización del espacio. (Sloterdijk, 2007, pág. 303)

Y es que lo que está en juego, precisamente, es la habitabilidad. Esa cualidad que ha perdido énfasis en el camino de la conversión de los primeros asentamientos de las hordas del paleolítico en macrociudades expandidas por el territorio, en el que éste ha dejado de ser el soporte de la cultura y los asentamientos, y base para la subsistencia de aquellos primeros grupos humanos para convertirse en el papel en blanco sobre el que se dibuja una nueva estrategia de economía global basada en el consumo y la imagen.

Sin embargo, en esos fragmentos urbanos, aquellos que crean una cartografía global de relaciones equipotenciales a lo largo del planeta, la habitabilidad es posible. Y,

Donde se habita, cosas, simbiontes y personas se unen formando sistemas locales solidarios. (…) El habitar crea un sistema de inmunidad de gestos repetibles; une el estar-descargado gracias a hábitos afortunados con el estar-cargado de tareas claras. (Sloterdijk, 2007, pág. 304)

En esos espacios donde se habita, el hombre y la mujer se expanden y se comprometen con un determinado lugar y en una determinada comunidad que se constituye por autoespacialización. En el pensamiento de Heidegger, el ser-ahí en el mundo, tiene una tendencia a la cercanía, donde la estancia se produce en lo incomprimible y donde habitar se convierte en un estar comprometido con la situación propia.

Desde una perspectiva conceptualizadora, encontramos una tendencia del sistema dominante del mundo de la economía globalizada, consistente en la conversión de este sistema en modo de vida generalizado.

Se reconocen las frágiles construcciones del poder en su pretensión, incesantemente renovada de establecer como evidencias algunas ficciones. En el curso de los Tiempos Modernos de entre estas ficciones una parece poner el decorado de todas las demás: la de una neutralidad central. La Razón, el Dinero, la Justicia, la Ciencia, el Hombre, la Civilización o la Cultura; por todas partes el mismo movimiento fantasmagórico: plantear la existencia de un centro, y que ese centro sería neutro, éticamente. El Estado, por tanto, como condición histórica de la realización de estas fruslerías. (Tiqqun, 2008, págs. 31-32)

En la actualidad, el sistema dominante es el del mundo de la economía globalizada convertida en modo de vida. Un sistema que se apropia de los elementos que han sido construidos socialmente a lo largo de la historia, en un saqueo que aspira al máximo lucro con el menor esfuerzo posible. Se aprovechan las condiciones de localización y las conexiones o la urbanización previa y se agotan los recursos mejores sin contemplaciones hacia el lugar. Este sistema evidencia sus efectos en los territorios marítimos, como en el caso de Málaga. Ésta ha significado uno de los territorios más deseables por su capacidad de generar plusvalías globales, convirtiéndose como las monedas, en objetos de uso y portadora de valor.

Si la contestación no ha sido mayor por parte de la población, es porque el sistema crea sus propias vías de inmunidad. El consumo compensa el estrés generado por la forma del mundo que el capital ha producido en una retroalimentación cíclica. Como ya hemos visto desde la pantalla del ordenador doméstico, el control de nuestros movimientos bancarios, de nuestra entrada a determinadas páginas y productos, hace que se considere hasta el más mínimo de nuestros deseos e inclinaciones, para el diseño de productos aún más sofisticados para el consumidor. El neuromarketing ha superado a las encuestas tradicionales sobre tendencias en el consumo. El mercado ya no cree a sus consumidores, así que no les pregunta a ellos, sino a sus cerebros. Existen empresas especializadas en realizar estudios de mercado a base de pasar imágenes de productos y analizar la reacción de nuestras neuronas mediante TAGS[2].

Como indicó Saskia Sassen en la conferencia dictada el 16 de mayo de 2011 celebrada en la arquería de los Nuevos Ministerios de Madrid (y a la que tuve la suerte de asistir), los fragmentos o quantums de espacios urbanos conectados en red se ensamblan ocupando un espacio global. Esta nueva espacialidad de fracciones ha permitido nuevos proyectos de poder, pero también proyectos de resistencia. Podemos encontrar en los proyectos locales de diferentes ONGs de escala local o internacional, de actividades de grupos urbanos, comunidades vecinales y colectivos preocupados por la mejora de las condiciones de habitabilidad en sus distintas manifestaciones –carril bici, huertos urbanos, mercados de productos locales, etc- acciones de resistencia al proyecto económico para la homogeneización generalizada de los lugares como factores de producción.

En la cosmópolis del pensamiento único, no se cuestiona la consideración de la geografía como soporte de actividades económicas ordenada mediante reglas financieras abstractas y globales.

Frente a esto, el proyecto de resistencia comprende el territorio como la construcción histórica colectiva de un patrimonio local, a base de luchas y lógicas de poder que se van sucediendo a lo largo de la historia.

Este patrimonio contiene los lugares geográficos antropizados, los espacios naturales que han sobrevivido y las superficies agrarias históricas que siguen siendo productivas. La valoración y preservación de todos estos elementos –también los que nos parecen aberrantes desde un punto de vista formal, han significado en su contexto histórico, político y geográfico, importantes logros que es necesario reconocer- constituye el patrimonio de nuestro territorio. La viabilidad de las distintas poblaciones hacia el futuro, pasa por descubrir y conocer la lógica territorial que opera sobre ellas, para capacitarse en la autogestión colectiva de su propia habitabilidad.

No es posible valorar sin antes comprender cuales han sido las lógicas que han operado sobre la génesis del territorio, pues este ha sido siempre el lugar del diálogo del hombre con la naturaleza a lo largo de su historia. Ha sido una construcción colectiva y debe seguir siéndolo.

En este sentido, la política, como arte de lo posible, se enfrenta hoy a la tarea de gestionar los conflictos existentes entre la forma global del mundo y las psiques locales. La tarea de la política clásica consistió en hacer que miles de pequeños grupos humanos, de hordas que se desplazaban por el territorio, construyeran juntos la utopía del futuro común. Hoy, cuando esa edificación ha colapsado por gigantismo, se hace necesario promover desde todos los ámbitos – políticos, administrativos, universitarios, colectivos, institucionales- una nueva constitución para la que aún no hay metodologías efectivas, sólo ensayos aislados que más allá de ser considerados ingénuos o sin importancia  están configurando nuevas capacidades que harán posible el cambio de enfoque tras un punto de inflexión determinado que está por llegar.

El cambio se ha iniciado, pero no existe un registro administrativo que enumere las iniciativas ni las ponga en contacto unas con otras. Sin embargo en todo el planeta existen iniciativas creativas de regeneración económica, social, política, educativa o cultural, donde la vida y sus efectos tratan de ocupar el centro de las preocupaciones.

Hoy no estamos llamados a trabajos colosales, sino a la identificación de utopías concretas, según la definición de Ernst Bloch. Vivimos en un interior donde la política ha sido secuestrada por la democracia formal o representativa. Se hace urgente un nuevo pacto entre los potenciales actores de las transformaciones necesarias para el cambio.

Pero, ¿cómo hacerlo?

Cuando un sistema es incapaz de resolver sus problemas vitales, se degrada y se desintegra, a no ser que esté en condiciones de generar un cambio tan radical de su propia configuración que suponga la reorganización de todos sus elementos. Según Edgar Morin,

Una conciencia de que la Tierra es la patria común no es contraria al vigor de las colectividades locales. Lo probable es la desintegración. Lo improbable, aunque posible, la metamorfosis. ¿Qué es la metamorfosis? El reino animal aporta ejemplos. La oruga que se encierra en una crisálida comienza así el proceso de autodestrucción y autorreconstrucción al mismo tiempo, adopta la organización y la forma de la mariposa, distinta de la oruga, pero sigue siendo ella misma. (Morin, 2010)

Mientras la revolución arrasa con todo el sistema anterior, la metamorfosis contiene la radicalidad de la transformación pero conservando lo anterior en un nuevo orden de cosas. El patrimonio adquirido a lo largo de nuestra historia, tanto en el ámbito físico como en el pensamiento, la técnica y la construcción social, adquieren un valor fundamental que no podemos ni debemos subestimar.

Por ello, se trata de proponer una interpretación del territorio (en nuestro caso el de Málaga) que ponga en valor todo ese patrimonio construido a lo largo de la historia por sus habitantes, identificando una estructura de fragmentos que participan en distintas lógicas de organización en las que las relaciones entre ellos deben reconocer la inserción de los mismos en las lógicas globales, poniendo en valor la dimensión local como forma de creación de una riqueza de relaciones de proximidad que permitan habitar y apropiarse del territorio en condiciones de solidaridad y conexión con otras redes de la cartografía global.

Trabajos citados

López. I, y. R. (2010). Fin de Ciclo. Financiarización, territorio y sociedad de propietarios en la onda larga del capitalismo hispano (1959-2010). Madrid: Traficantes de sueños.

Morin, E. (17 de enero de 2010). Elogio de la Metamorfosis. El País .

Muñoz, F. (2008). Urbanalización. Paisajes comunes, lugares globales. Barcelona: Gustavo Gili.

Sloterdijk, P. (2007). En el interior del mundo del capital. Madrid: Siruela.

Tiqqun. (2008). Introducción a la guerra civil. Sta Cruz de Tenerife: Melusina.


[2] Es recomendable para ampliar información sobre este nuevo sistema de prospección en la mente de los consumidores, el documental de La Noche Temática de RTVE, Seducir al consumidor: Neuromarketing, disponible en http://www.rtve.es/alacarta/videos/la-noche-tematica

[1] Véanse las múltiples formas de contestación de los colectivos vecinales, usuarios y usuarias de Málaga a través de plataformas de internet como El Caminito, MediaLab Málaga, Contesta Guadalmedina en FB, o webs como Málaga Propone o Ciudad y Patrimonio entre otros.

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La redacción de este artículo es puramente divulgativa. Puedes compartirlo en cualquier medio siempre y cuando cites el lugar donde lo has encontrado.

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4 comentarios
  1. 120 dijo:

    Desde luego, Susana… Los teóricos siempre me han fastidiado por su incapacidad manifiesta para dar soluciones concretas a problemas reales, pero es agradable que se plantee de forma tan natural una necesaria re-concepción de las políticas territoriales y urbanas, a partir del concepto de “colapso por gigantismo”. Me gusta. Eso y el concepto de “realidades superpuestas” que identifico en la frase “distintos quantums pertenecientes a geografías diferenciadas, sólo comprensibles desde una cartografía discontinua global”. Es realmente sugerente.

  2. ¡Buen artículo Susana! Y sí: muestra la paradoja de cómo utilizar dinámicas locales para fenómenos globales, como las finanzas, el consumo, o el turismo. Un saludo, AM.

  3. fantástico artículo. quería aportar un granito de arena para esa toma de conciencia:

    http://www.nacionrotonda.com

    Junto con otros cuatro compañeros, estamos realizando un inventario visual del desastre urbanístico español de los últimos quince años. Comparamos fotos aéreas de antes y ahora de municipios españoles para poner de manifiesto el dislate que todos conocemos, pero que aún así impresiona al verlo.

    Espero que le guste y le invito a difundirlo y usarlo si lo considera interesante. También aceptamos sugerencias para nuevas entradas, que se nos puede hacer llegar por aquí:

    http://www.nacionrotonda.com/p/formulario-para-sugerencias.html

    Un saludo.

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