Teorema de la sangre planificada

Imagen tomada de: https://rupikaur.com/period/

(Capítulo del libro COORDENADAS: PENSAR LA CIUDAD EN CLAVE FEMINISTA, bajo la dirección de Cristina Consuegra)

1.

El urbanismo con perspectiva de género comenzó a ser una temática habitual en ciertos circuitos académicos en la primera década del siglo XXI. La aproximación teórica se produjo fundamentalmente desde la arquitectura, aunque con importantes aportaciones desde la geografía humana y la sociología, y se ha desarrollado principalmente en torno al rol que las mujeres desempeñan como cuidadoras en la sociedad contemporánea. Ya sea dentro del ámbito doméstico o siendo contratadas para ello, las estadísticas arrojan que son las mujeres las que mayoritariamente se ocupan del cuidado de aquellas personas que necesitan ser cuidadas, como niños y niñas, personas mayores, personas enfermas o con algún tipo de discapacidad. Las cuestiones relativas a la movilidad, al acceso a los espacios públicos y a los equipamientos, suelen ser las temáticas a través de las cuales se investiga y proponen mejoras para la ciudad, que sin duda, aumentan la calidad de vida de toda la ciudadanía, la cual se beneficia de espacios públicos que proponen diseños más humanos, calles mejor iluminadas, equipamientos más accesibles y sistemas de transporte público más adaptados a la movilidad de todas las personas y no sólo de aquellas que se mueven de manera pendular de casa al trabajo durante las horas punta.

Sin embargo, la condición sexuada de la mujer ha quedado al margen de este acercamiento disciplinar. La integridad física de la mujer en caso de agresiones sexuales o físicas, se circunscribe al ámbito de lo criminal y se resuelve a través del trabajo de mediadores sociales o de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.

Pero la condición sexuada de la mujer no implica sólo la protección de su integridad física, que es lo que el Estado puede y debe promover y ejercer. La sexualidad de la mujer es una cuestión que implica una aproximación mucho más compleja desde la perspectiva de lo urbano. Y es que si hablamos de la ciudad, estamos hablando del espacio público, no del doméstico.  Lo sexual se piensa como algo íntimo y privativo de cada sujeto. Pero la sexualidad, y en espacial la femenina, es algo que se controla y se dirige en el espacio público. Se acepta la sexualidad de la mujer, se da por hecho. Pero no se tolera su representación pública.

Recientemente podemos asistir a través de la red, a diversas polémicas acerca del amamantado de los bebés[1] en los espacios públicos, o de la explicitación de la menstruación a través de fotografías publicadas en las redes sociales[2], o del reconocimiento de la limitación física que supone la menstruación para las atletas de alto rendimiento en las últimas olimpiadas de Brasil 2016[3]. Todo ello ha desatado un importante debate sobre la representación de la condición sexuada en el espacio público. Si bien se sabe y acepta que la mujer menstrua y que da el pecho a sus criaturas, lo que no se acepta es que estos hechos se muestren en el espacio público, físico o virtual.

Hasta ahora han sido las artistas y también las filósofas, las que han abordado esta cuestión a través de ensayos y posicionamientos teóricos, o a través de performances u otras representaciones artísticas. Más allá de eso, están las acciones que las feministas llamadas “radicales” como las militantes de FEMEN, realizan en el ámbito de la reivindicación política.

2.

En este artículo, y desde el conocimiento técnico del planeamiento y del urbanismo, se pretende aportar una nueva mirada a las posibilidades de la planificación en lo relativo a la condición sexuada de la mujer, desde el compromiso feminista con la sociedad y el tiempo histórico actual, y dentro del contexto español. Ésta aproximación no sería trasladable a situaciones donde la integridad física de las mujeres es el primer objetivo a abordar, o donde la igualdad jurídica aún no ha sido conquistada.

Antes de hablar del planeamiento, es necesario realizar una aproximación disciplinar corregida, respecto de la posición teórica tradicional. El planeamiento es la disciplina técnica que surge durante el siglo XIX, con el objetivo de solucionar un problema muy concreto: los efectos que la Revolución Industrial supuso para la vida de la humanidad en la ciudad. Hasta entonces, la población vivía en los entornos rurales o en asentamientos de pequeño tamaño en los que lo urbano se construía en torno al comercio, la pequeña industria manufacturada y la artesanía. Esto implicaba un modo de vida en el que el cuidado de la unidad familiar, amplia y extensa, estaba integrado en la vida productiva. El crecimiento de los asentamientos urbanos era vegetativo y se sufrían importantes pérdidas de habitantes cada vez que una guerra o una epidemia azotaban una comunidad.

Con la Revolución Industrial se produce la mayor concentración de población que jamás se había dado en la historia de la humanidad. Una concentración que estaba mediada por el horario. De pronto, la población debió organizarse en torno a una jornada laboral que marcaba el tiempo del sueño, el tiempo del trabajo y el del descanso, al margen de la luz solar y de los ciclos naturales de las estaciones. La residencia, los desplazamientos, las infraestructuras y las dotaciones necesarias para dar servicio a toda esa concentración demográfica en torno a los núcleos de producción industrial, exigió una planificación previa, que hasta entonces no se había producido excepto en el diseño de espacios palaciegos o núcleos religiosos. Por primera vez fue necesario pensar la ciudad y el modelo residencial antes de construirlos, con lo que ello implica a nivel de diseño social. La belleza o el simbolismo del poder asociado a la nobleza o el clero que habían sido los objetivos de los proyectos arquitectónicos antaño, dejaron de ser los principios que dominaron el proyecto urbano, para ser sustituidos por la eficacia y el control social.

No es posible pensar en un proyecto que no esté afectado por la visión de quien lo realiza. La planificación de las ciudades realizada durante el siglo XIX y XX, ha estado marcada por la visión específica de sus artífices: arquitectos e ingenieros, que no solo eran hombres, sino que lo eran de una determinada clase sociocultural y con unas condiciones de salud muy concretas. Así, no se puede segregar el resultado de la ciudad proyectada, con todo lo positivo que supuso la construcción de las redes y sistemas de equipamientos que implicó, de la condición de quienes la proyectaron. Ésta visión dejó a un lado el trabajo reproductivo y el del cuidado, en favor del trabajo remunerado, el cual no habría sido posible en las condiciones de la industrialización, de no haber sido asumida gratuítamente por las mujeres la carga del cuidado y la reproducción. El trabajo productivo ocupó los espacios públicos y el reproductivo y de cuidado fue invisibilizado.

Es necesario considerar en este punto, la diferencia entre urbanismo y planificación. El urbanismo es la disciplina que aborda el estudio teórico de la ciudad y de su crecimiento. El planeamiento es la instrumentación técnico jurídica que permite la materialización del proyecto urbano.

Según Michael Foucault, un dispositivo es una red de agentes, prácticas, saberes, instituciones, presupuestos ideológicos, técnicas normativas y arquitectónicas, con un programa concreto, que surge en un determinado momento histórico para dar respuesta a un acontecimiento o urgencia. En este sentido, podríamos decir que el Planeamiento es un dispositivo en torno al cual, un conjunto de agentes (políticos, promotores, asociaciones ciudadanas, agentes financieros, cuerpo técnico, etc), prácticas, saberes y herramientas técnicas, elaboran un programa para dar respuesta a la urgencia que supone la concentración humana en torno a las ciudades.

Obviamente, a lo largo de la historia, la participación de agentes, las prácticas y el programa, han ido cambiando. Si en el momento del surgimiento de la planificación como técnica, los agentes eran pocos y los objetivos eran de urgencia en la ordenación de usos y la creación de infraestructuras, a lo largo del siglo XX se fue dando una planificación más encaminada a la creación de ciudades programadas basadas en la creación de sistemas (de infraestructuras, espacios libres, equipamientos o áreas productivas), para llegar en los años 80 a abordar la regeneración de la ciudad mediante propuestas más paliativas que expansivas. En aquel momento, la participación ciudadana y el acuerdo entre los distintos agentes implicados, fue en el caso de España -gracias a su específica situación política de cambio de régimen durante la Transición-, la característica más destacable.

En el momento contemporáneo parecen haberse perdido las habilidades de acuerdo y concertación para centrarse en la crítica difusa a través de las redes sociales, y también los objetivos políticos a favor de los financieros exclusivamente. El lenguaje imperante es el de la coordinación de las distintas temáticas sectoriales implicadas en el planeamiento, olvidando los objetivos del buen vivir de los habitantes de la ciudad.

En todo documento de planeamiento, entendido como dispositivo en torno al cual se relacionan las prácticas, saberes y agentes, con el programa que define cada momento histórico, podemos encontrar dos lenguajes diferentes. Por un lado, el lenguaje gráfico, constituido por los planos. Por otro, el lenguaje jurídico formado por un conjunto de normativas, reglamentos y ordenanzas. Pero ambos se relacionan en un punto: la leyenda. En todo plano de un documento de planificación urbanística encontramos una leyenda donde cada clase de grafismo que hallamos en el dibujo está acompañado de un texto que indica su significado. La normativa urbanística puede establecer una protección que deberá motivar y definir. Pero no indica dónde se localiza. Es el plano el que espacializa esta protección localizándola sobre un área concreta.

Las leyendas de los planos son los lugares del dispositivo “Planeamiento”, en los que podemos encontrar el programa de cada momento histórico y de la sociedad que lo ha definido. Así, en los planes de ensanche del siglo XIX y de la primera mitad del XX, encontramos en la leyenda cuestiones relacionadas a las infraestructuras básicas, alineaciones y rasantes, los trazados de extensión urbana y las relativas a la volumetría. En los planes de los años 60 y 70 encontramos temáticas relacionadas con los crecimientos, las redes de infraestructuras y los sistemas generales de equipamientos y áreas verdes, así como una serie de ordenanzas programáticas enfocadas a la extensión de áreas aún sin desarrollar. En los planes de los 80 encontramos leyendas que hablan de la protección patrimonial, la ambiental o la arquitectónica. Aparecen por primera vez cuestiones relativas al paisaje, al tráfico y a los sistemas de escala de barrio. Las ordenanzas dejan de tener un enfoque programático para reconocer la realidad de la tipología arquitectónica y actuar sobre ella desde la corrección y el encauzamiento de patologías urbanas. Durante el siglo XXI el lenguaje es el del ordenamiento sectorial, e incorpora cuestiones relativas a las áreas políticas que actúan cada vez de manera más explícita sobre la ciudad: movilidad, protección cultural y etnográfica, ruido, protección aérea, telecomunicaciones, etc.

No sólo siguen quedando fuera cuestiones relativas al cuidado, que es un rol desempeñado fundamentalmente por las mujeres. Sino que quedan fuera las cuestiones relativas a su condición sexuada.

3.

La pregunta que nos hacemos en este punto es, si realmente es imposible incorporar este lenguaje al planeamiento, en tanto que documento técnico administrativo.

Nos proponemos demostrar que esto no es así. Es posible planificar estas cuestiones. Y nos vamos a centrar en un ejemplo, que no tiene por qué ser el único, pero que nos sirve como metodología de aproximación al presupuesto. Se trata pues, de demostrar que es posible incorporar no sólo el rol de cuidadora de la mujer, que también es asumida por muchos hombres, sino la condición sexuada de los cuerpos femeninos.

Las mujeres, en tanto que cuerpos sexuados, menstrúan durante una etapa de sus vidas. Pero dentro del conjunto de mujeres, existe un grupo que padece una enfermedad que es la endometriosis. Si hay estadísticas que hablan de que aproximadamente un 10% de mujeres padecen esta enfermedad[4], es posible que este número no sea correcto, puesto que muchas mujeres desconocen que el enorme dolor y el intenso sangrado que sufren cada vez que menstrúan, es una enfermedad. Desde que la Revolución Industrial impuso el tiempo de la producción sobre el del ciclo vital, las mujeres urbanas han transmitido de generación en generación la idea de que el ciclo femenino se reduce a los días en los que se menstrúa. Lo que las madres enseñan a sus hijas generalmente es a limpiarse la sangre y a medicarse en el caso de que exista dolor, para poder seguir una vida en la que la menstruación, o más bien el ciclo femenino, quede oculto.

Aunque no todas las mujeres sufren endometriosis, la condición excesiva de la menstruación en estas circunstancias, nos sirve para visualizar la problemática que queremos abordar como caso de estudio.

La pregunta que nos hacemos es, si la sangre –en tanto que materialización de esta condición de endometriosis- se puede planificar. Veámoslo.

Menstruar para las mujeres con endometriosis supone sufrir unos dolores muy intensos, y además sangrar de manera brutal, entre otros síntomas. Esto significa que cada hora o dos horas, es necesario disponer de un baño para poder cambiar las compresas, tampones o copas menstruales, y para limpiar los genitales, puesto que de lo contrario, la sangre saldrá del cuerpo manchando la ropa e impregnándola del olor propio de la sangre menstrual. Si una mujer debe salir a realizar distintas labores en la ciudad que impliquen un tiempo mayor de una hora y media, ésta deberá buscar un lugar donde cambiarse. No siempre es posible encontrar baños públicos en los lugares a los que se desplaza, por lo que es necesario pedir el favor de entrar en el baño de un bar o en los baños de un centro comercial o equipamiento público. Esto exige una planificación del itinerario que puede limitar el libre movimiento de la mujer en estas condiciones.

Si pensamos en las posibilidades que ofrece el planeamiento como instrumento técnico, podemos ver que es posible localizar sobre un plano los servicios públicos disponibles por las distintas instituciones públicas (colegios, bibliotecas, edificios administrativos, centros deportivos, etc), así como los disponibles en lugares privados pero de uso público (como centros y locales comerciales, bares y restaurantes, clubes etc). También es posible establecer una posible gestión de estos servicios, a través de la creación de una red de cuartos de baño públicos que pudieran ordenarse a través de un “Plan de Servicios Públicos”, en virtud del cual la Administración municipal pudiera celebrar convenios con los propietarios de los locales privados interesados, a cambio de beneficios fiscales o reducción de tasas de terraza en los locales hosteleros, por ejemplo. De este modo, sería posible contar con una red de servicios disponibles sin la necesidad de dejar en manos de las mujeres afectadas la gestión personal de la utilización de estos servicios. También sería posible planificar los lugares donde sería necesaria una dotación de servicios públicos de nueva creación, debido a la inexistencia de suficientes edificios institucionales o privados que pudieran ofrecer esta posibilidad.

Esta planificación existe y se llama “Plan Director” y se utiliza para múltiples objetivos, como la gestión de espacios deportivos, de áreas comerciales abiertas, oferta turística integrada, planes de accesibilidad para personas con movilidad reducida o con algún tipo de discapacidad visual, o planes de movilidad ciclable.  Incluso se pueden utilizar para gestionar áreas urbanas vulnerables. Es decir, que existe una herramienta de la planificación que podría abordar esta problemática.

Pero hay más posibilidades. La normativa urbanística, en la forma de las ordenanzas municipales, permiten la concreción de determinadas cuestiones relativas a la edificación de nuevos edificios o a la rehabilitación de los existentes. Del mismo modo que en la actualidad se exige que se dé cumplimiento a la normativa de accesibilidad estableciendo recorridos accesibles para las personas con movilidad reducida en todos los edificios de uso público de nueva construcción y en los que se rehabilitan, también sería posible establecer una ordenanza que exigiese la construcción de aseos públicos de acceso exterior en estos edificios, para facilitar su acceso a las personas que no vayan a entrar en los edificios para usarlos normalmente. No parece oportuno atravesar la sala de lectura de una biblioteca para ir al servicio, si sólo se quieren utilizar los aseos.

Es decir, que es posible planificar la sangre, tal y como se han planificado otras cuestiones que afectan a la vida de determinados colectivos en la ciudad, como queríamos demostrar.

Es cierto que este acercamiento especulativo puede resultar excesivo a primera vista, pero existen antecedentes que nos permiten pensar que no lo es. El reciclado doméstico de los residuos sólidos, la segregación de redes de saneamiento para el aprovechamiento pluvial de las aguas urbanas, el diseño de itinerarios accesibles, la creación de carriles bici o del carril bus en detrimento del aparcamiento sobre vía pública, fueron cuestiones que parecían impensables hace unas pocas décadas o incluso años. Sin embargo ahora son temáticas absolutamente asumidas por la sociedad, que se han incorporado al ámbito de la planificación urbanística. Además, la mejora de las condiciones de colectivos específicos, como los discapacitados o las personas que utilizan la bicicleta o el transporte público, incrementa la calidad de vida no sólo de esos colectivos, sino de toda la población. Disponer de itinerarios accesibles facilita la movilidad a las personas que llevan carritos de bebé, mochilas con rueda o carros de la compra, así como a las personas que están especialmente cansadas para subir escaleras. La creación de redes de movilidad para el transporte público y la bicicleta, mejora la calidad del aire para toda la ciudadanía. El reciclado de residuos es una conquista de los grupos ecologistas que beneficia a toda la humanidad por las mejoras que ello conlleva en la gestión del medio ambiente, además de haber creado una economía en torno a las temáticas ambientales.

Así mismo, una red de cuartos de baño públicos que incuso podría ser gestionada a través de una aplicación para teléfono móvil como lo son las redes de bicicletas municipales en muchas ciudades, beneficia no sólo a las mujeres que menstrúan, sufran o no endometriosis, sino a las personas que sufren problemas de próstata, cistitis o que necesitan cambiar a un bebé. Así mismo, mejoraría la imagen de una ciudad turística al ofrecer a sus visitantes un entorno de higiene personal programada, del mismo modo que muchas ciudades ofrecen como diferencia competitiva el acceso de mascotas a playas y otros espacios turísticos.

Con el ejercicio especulativo que se acaba de exponer, se pretende demostrar que no es absurdo pensar en destinar una parte del saber técnico y jurídico a proponer soluciones para esta problemática y otras muchas que pudiesen abordarse desde la consideración sexuada de la mujer, tales como el riesgo de agresión y violación en fiestas populares o urbanas, o el uso de la imagen femenina en tanto que cuerpo sexuado, en el espacio público.

El planeamiento es un dispositivo muy potente que da cuenta del modo en que una sociedad se representa a sí misma en un determinado momento histórico. Lo que una sociedad decida que es importante en su ciudad, estará determinado por las voces que se alcen para reclamar nuevos enfoques. El planeamiento es lo suficientemente flexible como para dar cabida a todas las sensibilidades, y lo suficientemente poderoso en su instrumentación como para dar respuestas posibles. La labor de las feministas en este aspecto, podría pasar por explicitar el rol que las mujeres desempeñan como cuidadoras, pero también por visibilizar la condición sexuada de los cuerpos femeninos, superando tabúes y ofreciendo alternativas al modo de ver y verse en la ciudad.

[1] Existe una gran polémica que se puede encontrar en grupos de Facebook en torno a la censura que hace la compañía de fotografías que muestran a mujeres amamantando a sus criaturas.

[2] Como ejemplo, el de la bloguera Rupi Kaur (https://www.rupikaur.com/period/)   que publicó una fotografía en la que se la veía tumbada de espaldas en posición fetal, y con una mancha de sangre en el pantalón y que fue censurada y eliminada por los gestores de Instagram.

[3] La nadadora china Fu Yuanhui, mostró su frustración por haber quedado segunda los 100 metros debido a que le había llegado la regla el día anterior y no pudo responder con toda su capacidad física al reto olímpico (https://youtu.be/WFIN5PEi0hM).

[4] Si tomamos los datos del Instituto Nacional de Estadística español, el número de mujeres en edad fértil en 2015 (entre 15 y 44 años) es de 9.064.477. El 10% de este valor es el de las mujeres que han sido diagnosticadas con endometriosis, que es de casi un millón de mujeres en el caso de España.

 

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