LA CIUDAD CUIDADORA

Artículo presentado en b-e-c-o-m-i-n, exposición del pabellón de España de la Bienal de Arquitectura de Venecia de 2018, comisionada por Atxu Amán.

El ser humano tal y como nos conocemos a nosotros mismos, no surgió de un trozo de barro ni de una costilla.  Una de las claves que explica nuestro singular desarrollo fue la socialización del cuidado. El aumento del tamaño del cerebro humano respecto al de otras especies, unido al estrechamiento pélvico de las hembras humanas debido al bipedismo, hizo que las crías que sobreviviesen fuesen las que naciesen prematuramente. Por eso la humana es la única cría de la naturaleza que necesita de un periodo de maduración en el exterior del útero materno. Para que no muriesen, fue necesario que las hordas humanas tomase como propia la labor de CUIDADO, creando para ello una esfera de protección en torno a la madre y la cría mientras ésta crecía y se hacía autónoma.

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En las últimas décadas, la incorporación de dispositivos de tecnología avanzada están construyendo una nueva generación de humanos mejorados artificialmente: prótesis robóticas para quienes han perdido un miembro, implantes informáticos en el cerebro que permiten ver a las personas ciegas, o la selección genética, son realidades  que nos hacen dudar de si esta clase de humanos son los mismos que descubrieron América.

La mejora evolutiva que supuso el cuidado de la comunidad a los más vulnerables, debe trasladarse hoy a la ciudad como “comunidad extendida” en sus dispositivos técnicos, en tanto que constructo arquitectónico y urbanístico, tecnológico, social, cultural, económico y ambiental.  La ciudad debe ser cuidadora y capaz de crear espacios de protección para quienes sufren al enfrentarse desnudas al agresivo y complejo mundo contemporáneo, del mismo modo que las mujeres embarazadas, las criaturas o las personas mayores o enfermas no podían enfrentarse a los animales peligrosos o a la adversidad de los medios durante el paleolítico.

Esto implica un cambio de mentalidad, y un cambio en el paradigma proyectual. Es necesario dejar de pensar exclusivamente en la función estética, económica, cultural o representativa de las realidades urbanas que se proyectan, para pensar en el modo en que la ciudad nos cuida o debería cuidarnos como especie. Espacios para descansar en las zonas de trabajo, equipamientos para el recogimiento como antes lo eran los templos religiosos, edificios que controlen la polución, las ondas electromagnéticas o el polen, equipamientos o espacios públicos diseñados para la convivencia entre distintos colectivos sociales, o áreas libres que verdaderamente nos permitan conectar con la naturaleza como forma de sanar y prevenir patologías físicas o mentales. El diseño de territorios, ciudades, equipamientos, transporte, viviendas o mobiliario, debería tener como objetivo cuidar de nuestra especie y de todas las especies del planeta, pues sin ellas nuestra vida no es posible.

El ser humano se encuentra en un punto de inflexión en la evolución de la especie hacia algo que aún no somos capaces de imaginar. Hemos llegado hasta aquí y no hay vuelta atrás. Nuestra generación no verá el resultado de esa evolución avanzada, pero a nosotros nos corresponde entender el proceso y dotar de sentido nuestra acción creativa y proyectual evidenciando la necesidad del cuidado.

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