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Feminismo

Artículo publicado en Ameco Press, por Andra Abreu López.

A pesar de que no existen fórmulas universales, los colectivos y las profesionales del sector siguen trabajando por lograr espacios urbanos más igualitarios, inclusivos y respetuosos

Madrid, 31 jul. 18. AmecoPress.- En una casa cualquiera de cualquier barrio de Madrid, una mujer de unos 65 años se levanta con las primeras luces del sol para hacer compras y recados. Un poco de pasta y tomate. Galletas y yogures para las nietas. Luego, una visita al médico y a la farmacia. Vuelve a casa para preparar la comida y, cuando la tiene lista, va a buscar a las niñas al colegio. Más tarde las lleva y recoge de clases particulares y las acompaña al parque a jugar. El movimiento que esta mujer realiza en su día a día es, según la perspectiva del urbanismo feminista, poligonal: casa-supermercado-médico-farmacia-casa-colegio-casa-clases particulares-parque-casa. Mientras que la ciudad en la que vive —colmada de edificios altos, surcada por avenidas interminables—, está diseñada para una movilidad de tipo pendular: casa-trabajo-casa.

¿En qué consiste el urbanismo con perspectiva de género?

La organización de las ciudades no es neutra. La mayoría de ellas está pensada desde la perspectiva de un sujeto universal, que no es representativo de la complejidad y la variedad de personas que las habitan. De esta idea parte el urbanismo feminista: de la diversidad.

“Tradicionalmente el hombre (blanco, joven, sano, con cierta capacidad adquisitiva y cultural y, en general, urbano) ha sido el centro del análisis de gran parte de los estudios sociológicos, quedando en un segundo plano las problemáticas de otros grupos de estudio, como las personas enfermas, las personas con algún tipo de limitación en la movilidad, las personas mayores, los niños y las niñas, las personas migrantes, etc.”, explica Susana García Bujalance.

García es arquitecta y profesora de Urbanismo y Ordenación del Territorio en la Escuela de Arquitectura de Málaga y lleva casi 20 años trabajando en la aplicación de la perspectiva de género a este campo de estudio. Piensa que el urbanismo feminista es aquel que, partiendo de esa disciplina técnica, aplica “un análisis segregado por sexos de las problemáticas urbanas”.

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El día 1 de abril de 2018, Nacho Valverde () publicó en el periódico PÚBLICO, un artículo sobre feminismo y ciudad, en el que fuimos entrevistadas Inés Sánchez de Madariaga (Arquitecta), Laura Pérez Castaño (regidora del área de Feminismos y LGTBI del Ayuntamiento de Barcelona), Blanca Valdivia (del colectivo Punt6), y yo misma.

Pincha AQUÍ el enlace al artículo

Movilidad, espacio publico y genero

El día 13 de octubre de 2016, impartí una conferencia en las I Jornadas “Movilidad, Espacio Público y Género. Educar la mirada”, organizadas por la Escuela de Arquitectura de Sevilla.

Cuando di esta conferencia pensé que quizá estaba excediéndome en llevar un tema como el de la endometriosis a la disciplina del planeamiento. Me suele ocurrir que cuando planteo nuevos retos y no veo a nadie alrededor, me surjen dudas sobre la sensatez de lo que estoy haciendo.

Pero tras conocer la repercusión que empieza a tener esta enfermedad a raíz de la celebración del Día Mundial de la Endometriosis, el día 14 de marzo, he decidido colgarla y compartirla.

Aquí el ENLACE A LA CONFERENCIA

La conferencia con la que se abrió el evento se inicia en el minuto 26, tras la presentación de la jornada.

Por otra parte, esta misma temática ya está recogida en el artículo “Teorema de la sangre planificada“, publicado en el libro “COORDENADAS: PENSAR LA CIUDAD EN CLAVE FEMINISTA

 

 

Imagen tomada de: https://rupikaur.com/period/

(Capítulo del libro COORDENADAS: PENSAR LA CIUDAD EN CLAVE FEMINISTA, bajo la dirección de Cristina Consuegra)

1.

El urbanismo con perspectiva de género comenzó a ser una temática habitual en ciertos circuitos académicos en la primera década del siglo XXI. La aproximación teórica se produjo fundamentalmente desde la arquitectura, aunque con importantes aportaciones desde la geografía humana y la sociología, y se ha desarrollado principalmente en torno al rol que las mujeres desempeñan como cuidadoras en la sociedad contemporánea. Ya sea dentro del ámbito doméstico o siendo contratadas para ello, las estadísticas arrojan que son las mujeres las que mayoritariamente se ocupan del cuidado de aquellas personas que necesitan ser cuidadas, como niños y niñas, personas mayores, personas enfermas o con algún tipo de discapacidad. Las cuestiones relativas a la movilidad, al acceso a los espacios públicos y a los equipamientos, suelen ser las temáticas a través de las cuales se investiga y proponen mejoras para la ciudad, que sin duda, aumentan la calidad de vida de toda la ciudadanía, la cual se beneficia de espacios públicos que proponen diseños más humanos, calles mejor iluminadas, equipamientos más accesibles y sistemas de transporte público más adaptados a la movilidad de todas las personas y no sólo de aquellas que se mueven de manera pendular de casa al trabajo durante las horas punta.

Sin embargo, la condición sexuada de la mujer ha quedado al margen de este acercamiento disciplinar. La integridad física de la mujer en caso de agresiones sexuales o físicas, se circunscribe al ámbito de lo criminal y se resuelve a través del trabajo de mediadores sociales o de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.

Pero la condición sexuada de la mujer no implica sólo la protección de su integridad física, que es lo que el Estado puede y debe promover y ejercer. La sexualidad de la mujer es una cuestión que implica una aproximación mucho más compleja desde la perspectiva de lo urbano. Y es que si hablamos de la ciudad, estamos hablando del espacio público, no del doméstico.  Lo sexual se piensa como algo íntimo y privativo de cada sujeto. Pero la sexualidad, y en espacial la femenina, es algo que se controla y se dirige en el espacio público. Se acepta la sexualidad de la mujer, se da por hecho. Pero no se tolera su representación pública. Read More

Artículo publicado en el número 19 de la Revista Paradima.

Si dejamos de lado las utopías que consideran sólo el bien de un pequeño grupo sin tener en cuenta el número de habitantes que hay sobre la tierra y la necesidad de gestionar los recursos para todos, podemos acordar que todas las utopías contemporáneas que podamos imaginar, o que ya se hayan imaginado, comparten un escenario común: la ciudad.

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Imagen tomada del blog de http://www.angelapaloma.com/

La ciudad existente, como el lugar donde desarrollar los ajustes necesarios, o una nueva ciudad como expresión de una nueva forma de organización social. En cualquier caso, una y otra, la ciudad heredada que nos conecta con la historia o la nueva ciudad que dará a luz hijos modélicos acordes a la nueva verdad de su configuración espacial, aparecen en los sueños de quienes aspiran a transformar la sociedad como la materia sobre la que labrar estas transformaciones.

Sin embargo, esto no es nuevo. Durante siglos, muchos fueron quienes aspiraron a sociedades nuevas que vivirían en ciudades nuevas: la ciudad de las damas de Christine de Pizan de 1405, las ciudades de los religiosos y tratadistas españoles Francesc de Eximeniç de finales del siglo XIV y Rodrigo Sánchez Arévalo de mediados del siglo XV, los falansterios de Charles Fourier durante la primeros años del siglo XIX, o la ciudad jardín de Ebenezer Howard de finales del s.XIX, han sido sólo algunas de las propuestas teóricas más relevantes. Y es que, no podemos obviar la influencia fundamental que todo núcleo urbano tiene en el modo en que una sociedad se representa y se gobierna. Por ello, la precariedad de las infraestructuras y la necesidad de equipamientos públicos durante los años 70 en España, dieron como resultado la reivindicación de mejoras urbanas y también políticas, en torno a la acción del movimiento vecinal de base durante los últimos años de la Dictadura de Franco.

La ciudad es el reflejo formal de la organización administrativa, cultural y económica de una sociedad. Si la ciudad falla, su sociedad se resiente.

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