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Urbanismo

Movilidad, espacio publico y genero

El día 13 de octubre de 2016, impartí una conferencia en las I Jornadas “Movilidad, Espacio Público y Género. Educar la mirada”, organizadas por la Escuela de Arquitectura de Sevilla.

Cuando di esta conferencia pensé que quizá estaba excediéndome en llevar un tema como el de la endometriosis a la disciplina del planeamiento. Me suele ocurrir que cuando planteo nuevos retos y no veo a nadie alrededor, me surjen dudas sobre la sensatez de lo que estoy haciendo.

Pero tras conocer la repercusión que empieza a tener esta enfermedad a raíz de la celebración del Día Mundial de la Endometriosis, el día 14 de marzo, he decidido colgarla y compartirla.

Aquí el ENLACE A LA CONFERENCIA

La conferencia con la que se abrió el evento se inicia en el minuto 26, tras la presentación de la jornada.

Por otra parte, esta misma temática ya está recogida en el artículo “Teorema de la sangre planificada“, publicado en el libro “COORDENADAS: PENSAR LA CIUDAD EN CLAVE FEMINISTA

 

 

Imagen tomada de: https://rupikaur.com/period/

(Capítulo del libro COORDENADAS: PENSAR LA CIUDAD EN CLAVE FEMINISTA, bajo la dirección de Cristina Consuegra)

1.

El urbanismo con perspectiva de género comenzó a ser una temática habitual en ciertos circuitos académicos en la primera década del siglo XXI. La aproximación teórica se produjo fundamentalmente desde la arquitectura, aunque con importantes aportaciones desde la geografía humana y la sociología, y se ha desarrollado principalmente en torno al rol que las mujeres desempeñan como cuidadoras en la sociedad contemporánea. Ya sea dentro del ámbito doméstico o siendo contratadas para ello, las estadísticas arrojan que son las mujeres las que mayoritariamente se ocupan del cuidado de aquellas personas que necesitan ser cuidadas, como niños y niñas, personas mayores, personas enfermas o con algún tipo de discapacidad. Las cuestiones relativas a la movilidad, al acceso a los espacios públicos y a los equipamientos, suelen ser las temáticas a través de las cuales se investiga y proponen mejoras para la ciudad, que sin duda, aumentan la calidad de vida de toda la ciudadanía, la cual se beneficia de espacios públicos que proponen diseños más humanos, calles mejor iluminadas, equipamientos más accesibles y sistemas de transporte público más adaptados a la movilidad de todas las personas y no sólo de aquellas que se mueven de manera pendular de casa al trabajo durante las horas punta.

Sin embargo, la condición sexuada de la mujer ha quedado al margen de este acercamiento disciplinar. La integridad física de la mujer en caso de agresiones sexuales o físicas, se circunscribe al ámbito de lo criminal y se resuelve a través del trabajo de mediadores sociales o de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.

Pero la condición sexuada de la mujer no implica sólo la protección de su integridad física, que es lo que el Estado puede y debe promover y ejercer. La sexualidad de la mujer es una cuestión que implica una aproximación mucho más compleja desde la perspectiva de lo urbano. Y es que si hablamos de la ciudad, estamos hablando del espacio público, no del doméstico.  Lo sexual se piensa como algo íntimo y privativo de cada sujeto. Pero la sexualidad, y en espacial la femenina, es algo que se controla y se dirige en el espacio público. Se acepta la sexualidad de la mujer, se da por hecho. Pero no se tolera su representación pública. Read More

Capítulo de libro en “El proyecto del Paisaje”, editado por Geometría en 2016.

 

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Estudio de visuales del ámbito de actuación del parque metropolitano “Madrid Sur”. Propuesta del equipo C.R.P.P. de Rosa Barba.

En los años 70, un nuevo enfoque histórico y cultural hizo que la sociedad se preocupase por el Medio Ambiente como elemento de atención global. El Club de Roma alertó sobre el peligro de un modelo de desarrollo basado en el consumo de los recursos naturales, y en los combustibles fósiles como fuente de energía.

El correlato urbano hablaba de una ciudad que había explotado, desdibujando el tradicional límite entre lo urbano y lo rural. Así, se ponía en crisis la metodología de análisis y proyectación que la disciplina urbanística había desarrollado desde el siglo XIX, momento en el que fue necesario planificar las grandes ciudades para albergar y ordenar la ingente llegada de una población que abandonaba el campo, para buscar nuevas oportunidades en la ciudad.

Más allá de las técnicas para edificar, las arquitectas y los arquitectos se encontraron en las últimas décadas del siglo XX con la necesidad de crear teorías que les permitiesen transformar el entorno, haciéndolo habitable. Hasta entonces, la medida y composición de las cosas había sido suficiente para transformar el ambiente, proyectándolo hacia el futuro.  Sin embargo, la realidad de las décadas del desarrollismo de los años 60 y 70, inspirado en los preceptos urbanísticos del Movimiento Moderno, mostraba que no eran suficientes las visiones parciales sobre el problema urbano, por mucho que éstas siempre tuviesen pretensión de globalidad. Tampoco eran válidas las propuestas sobre el medio rural que buscaban la eficacia productiva inmediata, ni la ingenua confianza en la capacidad regeneradora de la naturaleza sobre sí misma. Ninguna de ellas resultaban opciones válidas para enfrentar el dilema contemporáneo sobre qué hacer en el conflicto producido por la penetración del espacio urbano, en el antaño diferenciado, espacio rural. Read More

Artículo publicado en el número 19 de la Revista Paradima.

Si dejamos de lado las utopías que consideran sólo el bien de un pequeño grupo sin tener en cuenta el número de habitantes que hay sobre la tierra y la necesidad de gestionar los recursos para todos, podemos acordar que todas las utopías contemporáneas que podamos imaginar, o que ya se hayan imaginado, comparten un escenario común: la ciudad.

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Imagen tomada del blog de http://www.angelapaloma.com/

La ciudad existente, como el lugar donde desarrollar los ajustes necesarios, o una nueva ciudad como expresión de una nueva forma de organización social. En cualquier caso, una y otra, la ciudad heredada que nos conecta con la historia o la nueva ciudad que dará a luz hijos modélicos acordes a la nueva verdad de su configuración espacial, aparecen en los sueños de quienes aspiran a transformar la sociedad como la materia sobre la que labrar estas transformaciones.

Sin embargo, esto no es nuevo. Durante siglos, muchos fueron quienes aspiraron a sociedades nuevas que vivirían en ciudades nuevas: la ciudad de las damas de Christine de Pizan de 1405, las ciudades de los religiosos y tratadistas españoles Francesc de Eximeniç de finales del siglo XIV y Rodrigo Sánchez Arévalo de mediados del siglo XV, los falansterios de Charles Fourier durante la primeros años del siglo XIX, o la ciudad jardín de Ebenezer Howard de finales del s.XIX, han sido sólo algunas de las propuestas teóricas más relevantes. Y es que, no podemos obviar la influencia fundamental que todo núcleo urbano tiene en el modo en que una sociedad se representa y se gobierna. Por ello, la precariedad de las infraestructuras y la necesidad de equipamientos públicos durante los años 70 en España, dieron como resultado la reivindicación de mejoras urbanas y también políticas, en torno a la acción del movimiento vecinal de base durante los últimos años de la Dictadura de Franco.

La ciudad es el reflejo formal de la organización administrativa, cultural y económica de una sociedad. Si la ciudad falla, su sociedad se resiente.

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El espacio público como espacialización de la construcción social

(Comunicación presentada en el XI Congreso Internacional de Antropología Filosófica, de la SHAF con el título “La interculturalidad en diálogo. Estudios filosóficos”, celebrado en la Universidad de Castellón los días 14-16 de Mayo de 2014) (*)

Según la definición de la Real Academia de la Lengua española, cultura es, en su primera acepción,
     “Conjunto de conocimientos que permiten a alguien desarrollar su juicio crítico.”
En su segunda acepción,
      “Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimiento y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc”

En esta propuesta localizada en el contexto temporal actual y en el espacio definido por el sistema capitalista, abordaremos la cultura como el conjunto de modos de vida propios del “hombre último”, aquel hombre y aquella mujer que viven en un permanente flujo de experiencias y que conducen su vida como usuarios terminales de sí mismos y de sus oportunidades (Sloterdijk, 1994 pág. 99)

En este sentido, no entendemos el capitalismo como un sistema de producción, sino como un sistema orientado a la vivencia,

    “El capitalismo implica el proyecto de trasladar la vida entera de trabajo, deseo y expresión de los seres humanos, captados por él, a la inmanencia del poder adquisitivo” (Sloterdijk, 2007 pág. 211)

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“Y qué es lo que hace a los hogares de hoy en día tan diferentes, tan atractivos” Richard Hamilton

La interculturalidad es considerada en esta investigación, como una condición de cultura para ese hombre último aculturizado, por cuanto es una forma de cultura que cohabita transversalmente con cualquier otra forma de cultura local.

Nuestra tesis sostiene que, el espacio público, como el escenario concreto donde la vida social se produce, acoge procesos de ocupación que muestran la tendencia a la resistencia que el hombre y la mujer contemporáneos oponen al proceso de globalización que implica la homogeneización del sistema de vida capitalista.

Consideramos como interlocutor para este argumento a Peter Sloterdijk, por cuanto su obra trata de traducir el debate sociológico contemporáneo a una poética del espacio. (Sloterdijk, 2007 pág. 180)

Según el autor,

     “Si hubiera que explicar de forma brevísima qué modificaciones ha producido el siglo XX en el ser-en-el-mundo humano, la información rezaría: ha desplegado arquitectónica, estética, jurídicamente la existencia como estancia; o más simple: ha hecho explícito el habitar” (Sloterdijk, 2006 pág. 383)

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(Artículo incluído en el número 13/2014 “MUJER Y CULTURA” de la revista anual “Sociedad- Boletín de la Sociedad de Amigos de la Cultura de Velez-Málaga” publicado por CEDMA y con número de ISBN: 1699-4264)

El concepto de “urbanismo con perspectiva de género” se está convirtiendo desde hace unos años, en un lugar común para muchos debates sobre la ciudad y sobre el modo en que ésta es proyectada y sobre todo gestionada. El ámbito legislativo se está haciendo eco de esta nueva sensibilidad, y en el caso de Andalucía, la Ley 2/2012 de Modificación de la Ley 7/2002 de 17 de diciembre de Ordenación Urbanística de Andalucía, ha incorporado dos apartados en el artículo 3, que hacen referencia a la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres.

Art.3.1.h) Integrar el principio, reconocido en el artículo 14 del Estatuto de Autonomía para Andalucía, de igualdad de oportunidades entre mujeres y hombres, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social, en la planificación de la actividad urbanística.
Art.3.2.i) La promoción de la igualdad de género, teniendo en cuenta las diferencias entre mujeres y hombres en cuanto al acceso y uso de los espacios, infraestructuras y equipamientos urbanos, garantizando una adecuada gestión para atender a las necesidades de mujeres y hombres.

Esta novedad genera en muchos casos desconcierto, sobre todo entre quienes deben aplicar la ley, pues se topan con un lenguaje ajeno a una disciplina técnica históricamente relacionada con el objetivo de mejorar las condiciones materiales de la ciudad, y que utiliza las herramientas técnicas y jurídicas para alcanzarlo. El debate genera tanta filiación como rechazo y es posible que sea la falta de reflexión sobre las referencias propias y ajenas lo que produzca esta discusión.

Es habitual aproximarse a la cuestión de género en el urbanismo desde una perspectiva feminista, y esto suele ser un asunto problemático. El feminismo es un concepto poliédrico que en sí mismo, suele provocar controversias si no se establecen claramente las posiciones de partida. Existe en este concepto una dimensión sociológica que nace con la ilustración, cuando el sujeto histórico burgués que desea diferenciarse tanto del noble como del campesino, encuentra en el modo de vida urbano una opción alternativa. Pero esta nueva posición debía definirse en el ámbito del derecho y conquistarse en el espacio urbano. El sujeto burgués basó su identidad en la falta de la misma. Debía dejarse al margen de la vida pública todo lo contingente, todo lo que condicionaba tanto los privilegios del clero o la nobleza, como las limitaciones del campesinado o los gremios artesanales. Esta era la base de una vida pública que también aspiraba a representarse en un espacio público diferente a aquel en el que tradicionalmente la corte se había escenificado. El sujeto histórico burgués se definió a sí mismo con base en los conceptos de igualdad, libertad y derecho, y conquistó la diferenciación del ámbito público y del privado, tanto en lo personal como en lo espacial. La ciudad se llenó entonces de espacios para la actividad productiva, la representación administrativa y la relación social, mientras que lo contingente, aquello que definía en lo más íntimo a cada individuo, se ocultó en el ámbito doméstico. Cuando las mujeres comprendieron que la igualdad promulgada lo era sólo para los hombres, surgió la reivindicación de igualdad también para ellas. Read More

(Ponencia presentada junto con el catedrático de la UPC Francesc Daumal, en la Echopolis Conference, celebrado en Atenas entre los días 29 de septiembre al 3 de octubre de 2013)

Introducción:

Conectar con uno mismo y con el mundo que nos rodea, es una necesidad intrínseca al ser humano, como lo es alimentarnos, desplazarnos o socializarnos.

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Habitación de hotel. Edward Hopper. 1931. Imagen disponible en: http://www.germanposters.de/hopper-edward-hotel-room-1931-g.jpg

Durante muchos siglos, las grandes religiones asumieron esta necesidad haciéndola parte de la experiencia religiosa. Sin embargo hoy la tendencia de la sociedad de los países avanzados apunta hacia el abandono de las tradiciones religiosas. Las iglesias, los templos y los santuarios[[1]], han quedado en muchos casos relegados, olvidados y excluidos como lugares para la reflexión, por tener un vínculo con una determinada religión o modo de vida. Bien al contrario, han pasado en muchos casos a formar parte de la dotación cultural y turística de la ciudad.

La población se ha laicizado y con ello ha perdido el lugar donde conectar consigo mismo y con el mundo que le rodea, a través de la meditación en un espacio diferenciado del exterior ruidoso.

Nuestra investigación propone dotar a las ciudades de un nuevo sistema de equipamientos que resuelvan este problema. Proponemos que la definición de estos espacios urbanos no se realice con base en parámetros urbanísticos o arquitectónicos, sino con base en parámetros acústicos.

Nuestro argumento es que la enorme cantidad de sonidos que genera la sociedad post-industrial, oculta nuestra relación con la realidad, produciendo una clase de destierro psico-intelectual del espacio y del tiempo. Hemos dejado de escuchar nuestro entorno, y con ello hemos perdido una capacidad fundamental del ser humano. Lo más dramático, es que no hemos sido conscientes de esta pérdida. No hemos dejado de oír, simplemente hemos dejado de escuchar, convirtiéndonos en una sociedad analfabeta psico-sonora.

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